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En una Comunidad
educativa como la del Instituto Español de Lisboa,
compuesta de varios sectores educativos, con sus propias
tareas y competencias, se crean una serie de relaciones
complejas que de alguna manera deben regularse mediante un
Reglamento de Régimen Interior.
Una Comunidad educativa como la nuestra debe funcionar
como un conjunto compenetrado ya que le mueve una única y
exclusiva finalidad: la consecución de determinados
objetivos educativos, es decir, la formación integral de
nuestros alumnos en los que hay que fomentar una serie de
valores que hagan posible la vida en sociedad.
Por ello, este Reglamento debe estar presidido, más que
por un espíritu meramente sancionador y represivo, por uno
integrador y orientador que no olvide que los alumnos son
personas en formación, personas que deben aprender, en
muchos casos, las normas de convivencia.
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